Emprender el viaje…

Para algunos emprender un viaje es cosa de valientes, para otros de cobardes que huyen y para los más emprender un viaje significa libertad.
Hay tantos tipos de viajes como destinos, infinitos. Hay viajes en familia, viajes de dos y viajes al interior de uno mismo. Hay viajes de placer, de negocios, viajes repentinos y viajes a ninguna parte. Viajes en tren, en coche, en avión y viajes con la imaginación de un niño.

Desde que nacemos no hacemos otra cosa sino viajar. Caminamos hacia una meta, a veces caminamos sin rumbo fijo y las más lo hacemos de modo inconsciente, dejándonos llevar por la inercia del día a día.

Cuando nos enfrentemos a un viaje, del tipo que sea, hagámoslo siempre con las ganas del quinceañero que quiere comerse el mundo, el ímpetu del joven ya curtido, la serenidad de la madurez plena y la sabiduría de la lúcida senectud.
Serán muchas las etapas, compañeros y luchas. Infinitas las lágrimas pero también las risas y cálidas acogidas al llegar a cada puerto. Disfruta el viaje, memoriza instantes y, aunque camines solo, acompáñate de quien desea lograr tu misma meta. El camino compartido es más bello y excitante. Siéntate si te cansas -es necesario hacerlo de vez en cuando-, bebe un trago de agua y sigue adelante. Todos podemos viajar, es más fácil de lo que imaginas.

Sonríe, disfruta… ¡VIVE!

«Si vas a emprender el viaje hacia Itaca
pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y experiencias.
A lestrigones, cíclopes o fiero
Poseidón, nunca temas.
No hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
Nunca a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al fiero Poseidón encontrarás
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.
Pide que tu camino sea largo,
que numerosas sean las mañanas
de verano en que arribes a bahías
nunca vistas, con ánimo gozoso.
Detente en los emporios de Fenicia,
adquiere hermosos artículos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos
-cuanto puedas invierte en voluptuosos
y delicados perfumes.
Visita muchas ciudades egipcias y aprende,
con avidez aprende de los sabios.
A Itaca tenla siempre en la memoria.
Llegar allá es tu meta,
mas no apresures el regreso.
Mejor que se dilate largos años
y, en tu vejez, arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino
sin esperar que Itaca te enriquezca.
Un hermoso viaje te dio Itaca. Sin ella
el camino no hubieras emprendido.
Mas, ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no hubo engaño.
Rico en saber y en vida como has vuelto comprendes
qué significan las Itacas»

Konstantínos Kaváfis (1863-1933)

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Pídele cuentas al Rey.

Cuando el 1999 José Antonio Quirós dirigió la película del mismo nombre, estoy segura de que no podía imaginar, ni por lo más remoto, que 13 años después la práctica totalidad de la sociedad española haría lo propio: pedir cuentas al Rey. Y pedirlas con tal ahínco que al monarca no le quedó otra que darlas. La verdad que cuentas, lo que se dice cuentas, pues no es que haya dado (eso es otro cantar que necesita post aparte) pero las palabras de un cabizbajo Don Juan Carlos entonando el ‘mea culpa’ han dado ya la vuelta al mundo.

No voy a ponerme ahora a especular sobre lo que tantos días lleva en boca de todos: que si el Rey ha matado un elefante, que si estaba con una “amiga” en Botswana mientras Doña Sofía se encontraba en Grecia, que si el Rey es la columna del Estado o que si el Rey chochea. Para todos los gustos y de todos los colores se han publicado artículos, emitido opiniones y charlado en el 99% de las sobremesas.

Los que me conocen bien saben que he sido siempre acérrima defensora de la Monarquía parlamentaria española y del papel jugado por el Rey como nuestro mejor embajador y mediador. Pero los tiempos cambian y la gente evoluciona (si quieren llámenme chaquetera, ustedes mismos) En el S.XXI y con los vertiginosos cambios que nos suceden deja de tener sentido que una institución anacrónica como la monarquía siga formando parte del Estado. Y vale que el Rey haya contribuido a la “normalidad” en la Transición, y vale que el Príncipe Felipe esté super-hiper-megapreparado (¡sólo faltaría!) pero no veo yo que nadie le haya dado un cetro a Adolfo Suárez, a Manuel Fraga o a Santiago Carrillo, ni que nos planteemos ceder a un premio Nobel el Principado de Asturias porque su currículo es la caña de España.

Los tiempos van cambiando y los ojos se van abriendo. La “censura pactada” que sobrevolaba hasta ahora las redacciones se ha evaporado cual tuit en TL. Comienzan a salir fotos guardadas en los cajones durante décadas, y “lo que te rondaré morena”, porque los secretos a voces no son nunca secretos por más que hagamos oídos sordos. El Rey ha demostrado que es de barro, y con ello ha enlodado a la Institución por mucho que se quiera ver en su “no volverá a ocurrir” propósito de enmienda.

Queda por ver a quien beneficia ahora esta cortina de humo, con razón, pero cortina. Nunca viene mal que una tal Corinna aparezca en las portadas junto a titulares como “No hay dinero para atender servicios públicos” o “Subida histórica de las tasas universitarias”.

Conclusión: con la que está cayendo Quirós debería plantearse rodar un nuevo título. Propongo “Pídele cuentas a Merkel” o “Los mercados rotos” (Aunque ahora que lo pienso… en 2012 rodar una peli es infinitamente más complicado que pedir cuentas al Rey. Quién lo iba a decir.)

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“Pídele cuentas al Rey” (J.A.Quirós, 1999)
Sinopsis: Fidel es un minero asturiano que, tras el cierre de la mina en la que trabaja, decide echarse la familia a cuestas e ir caminando a Madrid para pedirle cuentas al Rey de por qué no se cumple la Constitución, en concreto el artículo que señala que todos los españoles tienen derecho a un trabajo digno. (Fuente: fotogramas.es)

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Salinas, Coruña, Camerún y la alegría.

No hay mejor manera de superar un “día de no” que levantarte, meterte en la ducha con la música a tope y darte la oportunidad de pasar un “día de quizá”.

Los días de quizá son aquellos en que te dejas llevar, en los que actúas casi por inercia -pero al menos actúas- y así, sin apenas darte cuenta, una cosa lleva a la otra. Paseando por la calle Real te viene ese olor dulce que evoca la infancia. Sigues caminando, contando los adoquines mojados, y te topas con el puesto de garrapiñadas. Es el mismo al que te llevaba tu abuelo cuando eras niña… pides un capirote de dos euros, continúas tu camino y al notar el azúcar entre los dientes asoma la primera sonrisa. Qué maravilloso sabor, lleno de texturas y recuerdos.

Hay tres puestos que me encantan en la ciudad: el de garrapiñadas, el de castañas -que anuncia el otoño-, y esos camiones de “helados exprés La Ibi” que nunca faltan a los pies de la Torre de Hércules o en la playa de Riazor. Los tres forman ya parte de mi paisaje urbano y vital.

Aun con trocitos de almendra en la boca, dejas atrás el teatro Rosalía y llegas a la plaza de Mª Pita. Miras casi hipnotizada al palacio del Ayuntamiento, inalterable, casi regio. Siempre me ha fascinado ese edificio. Los niños corretean, ha dejado de llover y los turistas toman fotos junto al puerto. Noto una mano en mi hombro, “¿Eli?¡Hey, qué tal?” Es mi prima Paloma, a la que “achucho” con todas mis fuerzas consiguiendo que asome la segunda sonrisa del día. Charlamos, charlamos y seguimos charlando frente a una taza de chocolate caliente. Las sonrisas se vuelven carcajadas y cuando nos queremos dar cuenta han pasado las horas volando. Nos despedimos con el firme propósito de que no vuelva a pasar otro año antes de compartir confidencias (aunque en el fondo ambas sabemos que sólo lograremos vernos en bodas, funerales y encuentros casuales como el de hoy. Tal vez de ahí su magia.)

De regreso a casa repaso cada momento de mi jornada. “¡Bip, bip!” El iphone me devuelve a la realidad, es un mail. Y no es un mail cualquiera… ¡Es Estrella desde Camerún! Lo leo y en ese preciso instante, precisamente en ése, soy consciente de que mi “día de quizá” se ha convertido en un “día de SÍ”.

“Y súbita, de pronto,

porque sí, la alegría.

Sola, porque ella quiso,

vino. Tan vertical,

tan gracia inesperada,

tan dádiva caída,

que no puedo creer

que sea para mí.

Miro a mi alrededor,

busco. ¿De quién sería?

[...]

Pero no importa, ya.

Conmigo está, me arrastra.

Me arranca del dudar.

Se sonríe, posible;

toma forma de besos,

de brazos, hacia mí;

pone cara de mía.

Me iré, me iré con ella

a amarnos, a vivir

temblando de futuro,

a sentirla de prisa,

segundos, siglos, siempres,

nadas. Y la querré

tanto, que cuando llegue

alguien

-y no se le verá,

no se le han de sentir

los pasos- a pedírmela

(es su dueño… era suya),

ella, cuando la lleven,

dócil, a su destino,

volverá la cabeza

mirándome. Y veré

que ahora sí es mía, ya.”

(“Y súbita,de pronto…”, Pedro Salinas)

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Mefia y Jean Paul comiendo mangos en Yaundé.

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Días de no…

Hay días en los que te levantas de no. Son esos días en que las sábanas se pegan a tu cuerpo como si fueran folios llenos de pegamento Pritt, de ese con el que jugabas en el cole, sólo que en vez de macarrones lo que se pega es tu pijama. Te despiertas dando vueltas a la cabeza, haciendo un mundo de cualquier chorrada y te conviertes en el ombligo de tu universo particular. Te importa una mierda el curro, el paro, que a tu mejor amiga la haya dejado el novio o que España se desmorone, porque sólo estás tú. Tú eres lo importante y a quien no le guste que se joda por egoísta.

Entonces así, de repente, tomas fuerzas para al menos sentarte en la cama y parecer un poco más digna a pesar de las ojeras hasta los pies y los pelos de Simba. Te estiras, bebes un sorbo de agua y coges el iPhone (la BB o similar también sirve para el caso) ¡Joder! 5 llamadas perdidas, 45 “guas” , 32 “me gusta” a tu última foto subida a fb y 57 menciones de twt. Vale, piensas, yo puedo vivir sin el mundo pero tal vez el mundo no pueda vivir sin mí. Y te sale esa sonrisilla de “aquí estoy yo” que a veces te hacen sentir las redes sociales, y por un instante te ves recogiendo un Pullitzer, 3 Goyas y hasta un Nobel si Obama se despista.

Pero no… El mundo sigue girando sin ti, mucha palmadita en la espalda, un par de nuevos trols y poca o ninguna crítica constructiva. Te cagas en todo y bloqueas el teléfono, aunque primero haces un par de RT y comentas el TT de moda. Dudas, ¿me levanto o paso del mundo un ratito más? Y entonces, como un resorte, te viene a la cabeza esa persona que sigue estando ahí pegada. Esa con la que sabes que no vas a pasar el resto de tu vida, ni lo pretendes, y le pones un “guas” en #modocolegueoON para saber qué es de su vida. Escribes una bobada, le das a enviar y la cagas. La cagas porque ella está a tope de curro y ahora mismo le importa una mierda con que pie te hayas levantado y te contesta con un escueto “cuídate.bs.”
Mierda, mierda, mierda… Caes en la cama, te tapas la cabeza con el edredón y quieres que te trague la tierra hasta que la crisis haya pasado, los hashtags sean vintage y ella deje de revolotear en tu cabeza. Te cagas en la puta, en la sota de bastos y te sientes la más estúpida del mundo mundial. Casi sin querer cierras los ojos y cae una cabezadita.

Te despiertas de nuevo, en un segundo despertar en el que decides que todo es distinto. Llamas a tu mejor amiga, porque mucho “guas” mucha hostia pero las palabras sin más no valen una mierda. Con la oreja aun roja de darle tu mejor batería de consejos tipo “los hombres no están preparados para el SXXI” te metes en la ducha, canturreas, te pintas el ojo -eso siempre levanta el ánimo- y apareces por sorpresa en casa de tus padres. Mamá te riñe por no avisarla, pero te prepara los mejores huevos fritos del mundo. La abuela te cuenta lo mona que estaba Mariló en el programa de esta mañana y así, con una sonrisa y una taza de té del Mercadona (no están los tiempos para Chai de Starbucks pero todo se andará) te reconcilias con el mundo. Ella vuelve a un rinconcito de tu cabeza y te mueres por verla pronto porque, ante todo, es tu amiga y la adoras.
Y como si nada hubiese pasado, coges el paraguas, sales a la calle y disfrutas de un paseo bajo la lluvia con el arco iris de fondo. Aunque antes le sacas una foto y la compartes en fb y Twt, of course.

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Foto: Carlos Abalde

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Cuando todo se reduce a ti…

Cuando todo se reduce a ti

Cuando no puedo amanecer sin tu buenos días

Ni conciliar el sueño sin tu beso de buenas noches

Aun siendo en la distancia…

Cuando estallas en mi cabeza

Y revoloteas en mi estómago

Desconcentrándome, pensándote.

Cuando refuerzas mi paciecia

Porque merece la pena esperarte

Y no quiero perderte…

Cuando sé que tenerte es un imposible

Pero aquel beso nuestro y callado,

Aquella mirada clavada en la mía

Fueron más que suficiente para hacerme sonreír

Para tenerme todavía atada a tus ojos.

Cuando formas ya parte de mí

Cuando tienes un pedacito de mi corazón

Tuyo, pase lo que pase.

Cuando te pienso, cuando te siento,

Cuando te amo…

Y cuando todo acabe,

Cuando poniendo los pies en el suelo

Nos digamos adiós,

Seguirás viviendo en mi mente

Con tu recuerdo imborrable.

(LV)

 

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Soy socialista y me manifiesto…

Soy socialista y me manifiesto…

Me manifiesto ante el hecho de que mi partido se parezca más a un patio de colegio que al partido que ha gobernado este país durante el mayor período de tiempo en la historia de la democracia.

Me manifiesto ante los barones y varones, que llenan sus listas con cuotas mientras la misoginia campa a sus anchas por los despachos.

Me manifiesto ante al aparato que hace caso omiso a las bases, excepto cuando nos necesitan para hacer bulto e ir de “claps” a mítines aburridos, con mensajes obsoletos y estética decimonónica.

Me manifiesto ante líderes que pierden elecciones y se creen la clave de la renovación (sí, me manifiesto ante Rubalcaba, inmenso político pero que debería saber mejor que nadie que una retirada a tiempo es una victoria).

Me manifiesto ante los que dicen que para cambiar las ideas no es necesario cambiar a las personas. Discúlpenme, señores feudales de socialismo español, pero en mi pueblo uno debe ser fiel a sus ideales y si los cambia por razones de marketing (que no de principios, porque si cambian los principios mejor será que devuelvan el carné) a eso se le llama acercarse al sol que más calienta.

Me manifiesto ante los que se apoltronan en sus escaños, se agarran a sus medallas y se encadenan a sus sillones de piel, y no sólo no dejan paso a la renovación sino que la entorpecen y encima piden reverencias por sus años al servicio del Estado (JA! perdón, que me da la risa…)

Me manifiesto ante los políticos que no son capaces de ver que desde la oposición también se gobierna, que estar en la oposición no es una vergüenza sino un motivo de orgullo y una responsabilidad profunda ante los millones de ciudadanos que te han respaldado y ante el Gobierno pertinente al que debes vigilar de cerca, pedir explicaciones, azuzar pero también arrimar el hombro cuando hace falta.

Me manifiesto ante el “no fui yo” y el “y tú más” que satura nuestros debates y discursos. Asumamos responsabilidades y dejémonos de excusas de parvulario.

Me manifiesto ante la patética imagen que estamos dando mientras otros toman por nosotros las decisiones más trascendentes de las últimas décadas en este país. Sí, yo también quiero un líder sólido para el socialismo español, pero el actual Gobierno sigue ahí mientras nos peleamos (Rajoy no estoy segura de que siga, pero Soraya está, y nos come con patatas, señores. Nótese que sigo hablando en masculino, no me queda otra… la política de “miembros y miembras” se ve que no cuajó).

Me manifiesto ante la terrible campaña de marketing que rodea a este partido, ¿es que nos han colado a Pons de jefe de prensa y no nos hemos enterado? Que nos dan por todos lados, y nos dejamos… que un partido se debe cuidar por dentro y por fuera, y nosotros nos estamos pudriendo y aun encima posamos para la foto.

Y me manifiesto ante tantas cosas más que les llenaría a ustedes la pantalla de letras intentando expresar mi rabia contenida y total no conduciría a nada.

En fin, me manifiesto ante el hecho de que el socialismo no es esto.

Lorena Ventoso.

30 años. Militante en la agrupación del PSOE coruñés desde 1999.

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EL PSOE CORUÑÉS. A LA SOMBRA DE PACO VÁZQUEZ.

El pasado viernes Javier Losada presentó en la asamblea de su partido la lista con los 26 nombres que le acompañarán en la carrera a las municipales. Lo que se preveía un mero trámite, puso al regidor coruñés a prueba ante los suyos con el desplante del todavía concejal socialista Carlos González-Garcés.

El edil dio la campanada desde el patio de butacas. Ya desde el atril argumentó su postura, para terminar abandonando la asamblea con un enfervorizado puño en alto. Entre los aplausos de unos y la incredulidad de otros, Garcés dejó la pelota en el tejado de Losada quien, con el enfado propio del líder que soporta en público tal desaire, salvó los platos como pudo y sacó adelante su lista con más oposición de la que seguramente imaginaba pero con mayoría absoluta entre sus filas.

Mucho se ha hablado del por qué de la decisión y del “numerito” de Garcés. Ya sea por principios o por mera pataleta del que se ve relegado a un puesto que cree no corresponderle, probablemente con su ejemplo Carlos González-Garcés nos haya hecho a los socialistas coruñeses el mejor de los favores, y me explico.

A Coruña lleva la friolera de 28 años jactándose de ser feudo socialista. No hay duda de que el primer Paco Vázquez fue un magnífico alcalde y que, en su momento, hizo una de las mejores políticas municipales de nuestro país. Pero rojo, lo que se dice rojo… pues el hombre nunca fue, para qué negarlo. Su momento pasó y se le acabó viendo el plumero al bueno de Paquiño. Para largo y tendido nos daría la trayectoria del señor Vázquez que tan a gustito estará ahora en su palacete romano, pero volvamos al tema que nos ocupa.

Javier Losada, conocedor como nadie de los entresijos de María Pita y mucho más afable que su predecesor, estaba llamado a realizar la transición del socialismo coruñés. Sin embargo ha demostrado que de transición nada de nada, y nos presenta por enésima vez una lista que llevamos viendo casi fotocopiada desde 1999.

Señor Losada: unas elecciones no se ganan con la cobardía del que teme al cambio. Y no me venga con el cuento de que no cambian las personas pero sí las ideas, porque a eso en mi pueblo se le llama “arrimarse al sol que más calienta”. En lugar de dar paso a un cambio progresivo pero intenso, está permitiendo que la avaricia de quienes no quieren colgar la medalla le haga caer con ellos. No dudo de su lealtad hacia sus compañeros de fatiga, pero baste el ejemplo de Garcés para ver cuánto se la agradecen. No olvide, alcalde, que la mayor lealtad se la debe usted a sus votantes y a su ciudad. Renovarse o morir.

 

(L.Ventoso – Publicado en Xornal en marzo de 2010)

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